Hermanas Reparadoras Eucarísticas de la Inmaculada
LUGAR: Vereda La Esperanza, Parroquia Nuestra Señora de Fátima FECHA: 23 de mayo de 2010
Celebración de la solemnidad de Pentecostés con la comunidad de hermanas reparadoras eucarísticas de la inmaculada y en la cual se concedió el permiso para comenzar oficialmente la fundación de esta comunidad, por parte de monseñor Luis Alberto Parra Mora, obispo de la diócesis de Mocoa-Sibundoy.
Compartimos fraternalmente los gratos momentos vividos durante esta fecha, tan significativa para la diócesis y para cada uno de los que de ella hacemos partes, como también para la Iglesia Universal, que guiada por el Espíritu de Dios, según su sabiduría infinita y su amor ilimitado va “desgranando” sus dones y carismas y los va “sembrado” en todas partes, para sostenerla, enriquecerla, embellecerla y guiarla hasta el puerto de la salvación.
Con la presencia de la familia Otalla toda, tres hermanos, sus esposas, hijos y nietos, yernos, cuñados…; amigos de la familia, los vecinos de las religiosas, algunos allegados a la parroquia Nuestra Señora de Fátima, jurisdicción en la cual se halla geográficamente ubicada la nueva fundación, su párroco, el padre Alonso Molina, además de los sacerdotes Leonel Cartagena y Jesús Iván Martínez; con la compañía de la Hermana Lucía, la doctora Ninón, la secretaria de la Vicaría General, Ana Judith, entre otros y otras y bajo la “batuta” de monseñor Luis Alberto Parra Mora, obispo de esta diócesis de Mocoa-Sibundoy, se llevó a cabo la solemne celebración litúrgica y celebrativa de tan magno acontecimiento.
Sin duda fue un gran momento eclesial y diocesano por cuanto la presencia de la vida
religiosa en la diócesis fue, es y será supremamente significativa, importante y vital en la Iglesia Local, como bien lo hizo entender el obispo en la homilía, recordando el paso de los Capuchinos, Redentoristas, franciscanos y franciscanas, Lauritas, Dominicas de la presentación… Carmelitas Descalzas de vida contemplativa y cada una de las quince congregaciones religiosas que actualmente hacen parte de la familia diocesana y aquellas otras que igualmente hicieron aportes valiosísimos para llegar a donde hoy estamos y a quienes tenemos mucho que agradecerles, tanto las que hoy no están con nosotros, como aquellas que siguen siendo alma de la pastoral diocesana, aquí en esta hermosa región del Putumayo; todas ellas manifestación permanente del Espíritu en la Iglesia y prolongación de aquel primer Pentecostés que infundió valor a los discípulos primeros de Cristo, escondidos y con puertas trancadas por miedo a los judíos.
Muy significativo teologal, pastoral y espiritualmente que el Espíritu de Dios se halla fijado en nosotros concediéndonos un Carisma nuevo para la Iglesia Universal. La recién nacida familia religiosa, con carisma que está estrenando, - Ser adoradoras Eucarísticas, Reparadoras y Contemplativas a imitación de la Madre del Salvador, bajo la advocación de María Inmaculada, orando incesantemente por los ministros del altar especialmente y creando espacios para que ellos mismos puedan tener dónde, cómo y con qué vivir intimidad con Jesús Buen Pastor, especialmente en momentos difíciles, decisivos y especiales - vienen, de parte de Dios, Quien las ha llamado, las ha juntado y las ha bendecido, a alimentar la Espiritualidad de Comunión, propia de nuestro proyecto pastoral, con el Don de la Contemplación del Misterio Eucarístico, a ejemplo de María que guardaba “todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2,19.51 ), en actitud reparadora e intercesora por tantos pecados de la humanidad y como un espacio y un soporte espiritual para los ministros consagrados, especialmente los sacerdotes, que necesitamos constantemente de la intimidad, el retiro, la soledad, el silencio interior, la Comunión con el Maestro, de quien pretendemos y nos esforzamos en ser sus discípulos y misioneros, no sólo por entidad, por mandato, sino también por convicción, lo cual no nos aleja de los peligros, la prueba, la dificultad, los obstáculos y las mismas caídas.
Es por ello que este regalo divino nos viene como caído del cielo, pues ¿existe una comunidad eclesial a quien falten los problemas? Acabamos de leer el Libro de los Hechos de los apóstoles en este tiempo pascual que ayer finalizamos y pudimos darnos cuenta muchísimas veces como, si por la gracia divina el Reino se iba extendiendo, igual e inmediatamente aparecían los opositores, los enemigos, los perseguidores, las pruebas, los “encontrones” entre los mismos apóstoles y más tarde con los que fueron sus sucesores. Esteban, Pedro, Juan, Pablo, Santiago y todos tuvieron que experimentar que si no fuera por el auxilio divino el “Reino se hubiera quedado en pañales”, pues aunque a ellos no les faltaba espíritu, trabajo, testimonio, esfuerzo, igualmente, nunca les faltaron impedimentos de todo tipo, incluso y especialmente de los recién convertidos. Fue la oración, la mediación de la Iglesia la que en más de una ocasión alcanzó la gracia de la liberación, de la salvación, del triunfo, de la paz… (Por sólo citar dos casos: Pedro y Pablo, en diferentes momentos se ven libres de la cárcel por la intercesión de la Iglesia o de la oración propia), he ahí por qué es tan importante el regalo recibido en Pentecostés en y para nuestra Diócesis.
Después de una liturgia preparada, celebrada, vivida y contemplada (había que tener en cuenta que la comunidad naciente es contemplativa), pasamos a compartir un suculento trozo de ternera asada, que muy generosamente la familia Otalla donó, preparó, asó y compartió con todos los presentes, con chicha, yuca, ajicito y todo ello precedido del partir el ponqué por la fiesta y el vino que alegra el corazón del hombre… bueno, también el de la mujer.
Verdaderamente fue una fiesta eclesial, una gran celebración de Pentecostés y un momento formidable para dar gracias al Dueño de Todo, que se ha dignado bendecir a esta Iglesia local con Semejante Regalo.
Actualizado (Viernes, 28 de Mayo de 2010 00:56)







